jueves, 12 de abril de 2007

Los niños y la televisión

Desde muy pequeños niños y niñas muestran interés en la televisión, el sonido, las imágenes, los colores, el movimiento llaman su atención desde muy temprana edad, por períodos cortos de tiempo. Sin embargo conforme los niños y niñas crecen también aumenta el tiempo que pueden permanecer frente al televisor, llegando a varias horas diarias en las etapas preescolar y escolar, dejando de lado otro tipo de actividades.

Como todo aquello que nos ofrece la tecnología lo importante es el uso que nosotros le demos, y la televisión no es la excepción. Es necesario que el adulto establezca el control y de esto dependerán los resultados que podamos ver en el niño e la familia.

Desde los primeros meses de vida los bebés se pueden beneficiar por ejemplo de videos educativos especialmente diseñados para la estimulación adecuada también esto gracias a la televisión.

A nivel educativo existen varios aspectos positivos como un mayor desarrollo de vocabulario, ampliar conocimientos sobre diversos aspectos específicos como el mundo animal, apoyo en los procesos d aprendizaje especialmente de niños preescolares. Actualmente existen programas que estimulan el aprendizaje de otro idioma (inglés), y además la posibilidad de escuchar programas infantiles en otra lengua.
Además los niños y niñas no miran solamente programas infantiles, sino noticieros o programas que son vistos por los adultos, en este caso es necesario aprovechar estas situaciones para aclarar dudas y brindar explicaciones,

Sin olvidarnos que la televisión es un gran instrumento de entretenimiento.

Es fundamental ser selectivos, tomar en consideración la edad de los niños y niñas y su nivel de madurez.

Si revisamos el contenido de programas infantiles muchos están cargados de violencia, incluso los dibujos animados (no solo los infantiles sino la programación en general). En el mundo de la fantasía pueden ocurrir cosas imposibles de realizar en la vida real lo cual puede confundir a los niños y niñas o promover ciertos temores.

Los niños suelen luego dramatizar en el juego lo que han observado, creando agresividad en el grupo, lo que comienza como un juego termina en pelea, o también existe la posibilidad de trasladar sentimientos violentos a la vida real. El nivel de sensibilidad de cada persona es diferente por lo cual no a todos afectará de la misma forma.

Existen casos en que los niños adoptan actitudes de héroes de la pantalla, asumiendo sus papeles en su vida, dificultando su identidad personal y también creando situaciones peligrosas al querer imitarlos.

¿Qué hacer?

Los padres deben establecer las reglas con respecto al uso de la televisión

- Determinar un tiempo destinado a ver la televisión
- establecer el horario para esta actividad
- primero cumplir con sus responsabilidades, en caso de niños preescolares y escolares especialmente
- Estar informados como padres de los programas que les gustan a los niños, mirarlos con ellos para poder seleccionarlos, también sera otra oportunidad para abrir el diálogo, conversar con ellos, entender de qué nos hablan y así analizar con ellos los personajes, qué es lo que más les gusta y por qué, ayudarlos a discriminar lo real de lo irreal, etc.
- Fomentar actividades físicas ya que frente a la TV. los niños no actúan son observadores pasivos.
- Ayudar a los niños y niñas a encontrar otras actividades que pueden realizar en compañía de sus padres, otros niños, o personas encargadas de su cuidado.
- No es recomendable que los niños tengan TV. en su dormitorio.
- Aprovechar programas educativos.
- Luego de terminarse el programa que se está mirando apagar la TV. es decir no mantenerla aprendida mientras hacemos otras actividades.
- Se conoce que la televisión puede romper la comunicación, más ahora que se cuenta con varias televisiones en el hogar, cuando se mira un programa familiar juntos pero nadie habla mientras dura el mismo, o cuando se mira la TV. mientras se realiza otra actividad importante como por ejemplo durante las comidas.
- Escuchar al niño o niña y prestarle atención cuando se dirige al adulto que está viendo con interés algún programa.

Lo que los niños y niñas miren y escuchen el la televisión debe estimular el diálogo con ellos sobre los diversos temas que actualmente se tratan en ella, ya sean programas infantiles o no,es parte del mundo en que viven.

Estar alerta al comportamiento de los niños y niñas para determinar en qué forma influye en su conducta la televisión ya que tampoco se puede generalizar cada niño y niña es diferente.





La televisión

"La profesora ha pedido a sus alumnos que imaginen qué animal o cosa les gustaría ser y por qué. Y un niño de ocho años responde que a él le hubiera encantado nacer como televisión.
¿Por qué? -interroga sorprendida la maestra
El pequeño duda un instante, sonríe y replica con firmeza.
Porque así mis padres me mirarían más, me cuidarían mejor, me prestarían mayor atención, impondrían silencio a los demás cuando yo hablase, y no me mandarían a la cama en medio del juego, igual que ellos no se acuestan en media película."

Tomado de libro El poder invisible del amor, colaboración: Sergio Arico.






viernes, 16 de marzo de 2007

La televisión, en el punto de mira

Ni buena ni mala: todo es cuestión de medida
¿A quién no le agradaría tener siempre a mano a un amigo ocurrente, variadísimo en los temas que aborda, frecuentemente espectacular y a menudo ingenioso, muy entretenido, que nunca se enfada, nos narra con lujo de detalles acontecimientos que ocurren en todos los lugares del mundo, no exige atención alguna, y, por si fuera poco, apenas consume ni plantea exigencias, y del que, para más comodidad, se puede prescindir en cualquier momento sin problema alguno?.
Efectivamente, no hay seres humanos que reúnan tantas cualidades, pero todos tenemos en nuestros hogares un aparato, inerte pero a la vez muy vivo, que cumple algunas de esas características y prestaciones: la tan denostada televisión. Está ahí, es una más entre nosotros. Pertenece a la familia casi como cualquiera de sus miembros y ocupa el mejor lugar de la casa.
La vida en común de mucha gente sería hoy, reconozcámoslo, muy distinta sin la TV. Sociólogos, filósofos, psicólogos, pedagogos y periodistas han reflexionado sobre la influencia de la TV en la conformación de las creencias, la cultura, los gustos, los hábitos de consumo, la percepción del sexo y la violencia, el uso del tiempo de ocio, las preferencias políticas, ... de cada uno de nosotros.
Nuestro cometido, en esta sección, es tan sencillo como modesto: proponer sugerencias para aprovechar la interminable programación televisiva y para que no esta perjudique la comunicación cotidiana entre los miembros de la familia. Porque el hogar, lejos de ser el ámbito natural de reunión familiar que antaño fue, puede convertirse en un espacio físico en que cada miembro de la familia consume, separadamente, su propia ración de TV.
Seamos realistas: está y seguirá ahí.
Partamos de que hoy no es posible obviar la TV y de que no conviene centrarnos exclusivamente en la crítica negativa a sus contenidos. No sería realista ni inteligente: va a seguir estando ahí, y ofreciendo emisiones de interés para todos.
Lo más sabio es seleccionar de entre la amplia oferta de contenidos, preguntarme qué quiero ver, qué me interesa en cada momento. Hemos de elegir conscientemente lo que quiero. Y desechar lo que no me interesa o no me convence por la razón que sea. Ser yo quien pone el rumbo a mi tiempo de ocio. Y, por ende, quien decide qué quiero ver en la TV, y si deseo verla. Casi todos decimos preferir informativos, documentales y debates sobre temas de interés social. Pero, mayoritariamente, vemos deportes, cine muy comercial, programas "rosa" o de testimonios íntimos de gente de la calle, entrevistas con personajes extravagantes, humor de risa enlatada, shows o concursos con música y chicas atractivas y telefilmes intranscendentes y estereotipados hasta la saciedad. Así que no nos quejemos tanto. En el "debe" de la TV podemos apuntar muchos efectos perniciosos, además del citado de frenar la comunicación familiar, pero destaquemos la pérdida de la capacidad de conmovernos ante la desgracia ajena.
Todo forma parte del mismo espectáculo: después de las imágenes de un terremoto con centenares de muertes, viene un spot de refrescos de cola con felices adolescentes que antecede a un programa de chistes que a su vez precede a otro de "imágenes de impacto" en el que se trivializa con temas tan serios como la seguridad y el sentido del ridículo.
Supone un gran esfuerzo para el televidente discernir entre lo real y el mero espectáculo, interpretar cada contenido, ya que todo se impregna del mismo estilo, convirtiéndose en un único magma, en un mensaje continuo cuyo objetivo coyuntural es que no cambiemos de canal y cuyos fines últimos, por su trascendencia, dejaremos para otra ocasión.
Un uso racional.
Los medios de comunicación están para que hagamos un uso racional de ellos, para extraer en cada momento aquello que va a contribuir a nuestro bienestar, que enriquezca nuestros conocimientos o nos entretenga satisfactoriamente, conforme a nuestros criterios de exigencia. Y también sirven para la evasión después de una jornada de trabajo o estudio, dejando que imágenes y sonidos nos envuelvan y trasladen a un mundo diferente de nuestra cotidianeidad, a menudo cargada de cansancio, monotonía, preocupaciones y tensiones. Pero La TV es también una compañía tirana, porque resulta muy absorbente.
En algunos hogares, aunque el televisor está encendido todo el día apenas suscita la atención de nadie. Pero lo común es que limite, y a veces impida, la comunicación entre los miembros de la familia. Y, si surge el diálogo mientras vemos la TV, la conversación difícilmente prosperará. Se reducirá a monosílabos o se aplazará hasta mejor momento, que será nunca. No en vano hemos metido la TV en nuestras casas por duplicado y hasta por triplicado: en el salón, la cocina y en algunos dormitorios.
Tendremos que estar "ojo avizor" para que sus renovados recursos, que atraen y retienen al espectador con tanto éxito, no nos reduzcan a la pasividad o la indiferencia de un consumidor acrítico y sin opinión, que todo lo digiere.

6 formas para aprovechar al máximo el tiempo en la computadora

  1. Hagan muchas preguntas mientras su hijo usa la computadora.Aunque es bastante tentador alejarse cuando su hijo está absorto en una actividad, dense tiempo para preguntarle sobre los juegos y las actividades que está haciendo. Hagan que adquiera el hábito de pensar sobre lo que está pasando en la pantalla haciéndole preguntas como éstas: ¿Cómo se juega este juego? ¿Qué pasa cuando te mueves hacia allá? ¿Qué personaje está hablando?
  2. No permitan que el tiempo frente a la pantalla substituya a las actividades físicas.Apaguen la computadora de vez en cuando y hagan que el niño salga a jugar, que haga manualidades, lea libros, cante canciones, baile al son de la música, construya fuertes, invente historias o explore.
  3. Denle a conocer al niño softwares y sitios Web que aviven su creatividad.Hacer dibujos, crear historias y rimas son formas que permiten a su hijo transmitir lo que es capaz de expresar a través de la conversación diaria. Puede que su hijo quiera compartir con ustedes lo que ha hecho o bien que prefiera guardárselo para sí. Cualquier respuesta es correcta.
  4. Hagan que su hijo practique los juegos electrónicos en compañía de otros.Busquen juegos que incluyan la opción de "explorar", lo cuál ayudará a que su hijo juegue con otros en vez de que compita contra sí mismo. Recomiéndele que juegue con sus hermanos y amigos; desaliente que use los videojuegos como actividad de último recurso a falta de otras personas a su alrededor. Busquen y aprovechen toda oportunidad para integrarse al juego y entérense así de primera mano cómo funciona cada juego.
  5. Busquen las oportunidades para que su hijo tome decisiones e intente algo nuevo.Aún una selección sencilla -- tal como el hecho de escoger a un personaje, crear el fondo para la fotografía o seleccionar un juego -- es una buena oportunidad para que su hijo explore. Si su hijo parece aburrirse con una actividad, propónganle algo nuevo, lo que podría ser un nivel diferente del mismo juego, o un juego totalmente nuevo. (A menos que ustedes no se lo señalen, es posible que su hijo no se dé cuenta de que hay otras opciones.)
  6. Eviten que un niño o un grupo sea el que domine la selección de programas.A pesar de que los niños y las niñas prefieren distintos juegos y actividades de computadora, adviértanle que tienen muchas opciones de software, las cuales no se limitan a las que sus amigos dicen que "son sólo para niños" o "sólo para niñas". Háblenle a su hijo respecto a la importancia de compartir turnos para usar el ratón y la computadora.

7 formas para inculcar hábitos respecto a la TV

  1. Sea exigente respecto a los programas que usted y su hijo vean.Lean las reseñas en línea e impresas acerca de los programas para identificar los que sean aptos para la edad y la etapa de desarrollo de su hijo. En vez de confiar en su suerte para encontrar algo apropiado, mantengan a la mano un conjunto de programas previamente grabados o videos confiables que ustedes saben que son atractivos, educativos y que sirven de inspiración. Apaguen la TV cuando se acabe el programa seleccionador.
  2. Vean la TV al mismo tiempo que su hijo en edad preescolar la ven.A menudo, los niños chiquitos imitan lo que ven y oyen en la TV. No duden en hacerles preguntas que fomenten que su niño o niña invente su propio diálogo o que varíe la trama. He aquí algunas ideas para iniciar la conversación sobre la TV: ¿Qué pasó al principio de la película? ¿Cuál de los personajes te gustaría ser? Si pudieras inventar una nueva historia con los mismos personajes, ¿cómo acabaría tu historia?
  3. Eviten que la TV reemplace el tiempo destinado a la familia y al juego activo.Limiten el tiempo que puede pasar su hijo frente a la TV. Esto les garantizará que el niño dispondrá de tiempo ininterrumpido para pasarlo con ustedes, para jugar con otros niños o para explorar el medio ambiente. Use los aspectos musicales de un programa o las hazañas físicas de un personaje para fomentar que su hijo baile, brinque o aplauda, en vez que se la pase sentado inmóvil viendo la televisión.
  4. Usen los programas de la TV y los videos para mejorar la capacidad auditiva del niño.Convierta la TV en un juego de escuchar: Mientras están viendo un programa o película que les es familiar, pídanle al niño que se ponga de espaldas a la TV. Cuando empiece a hablar o a cantar el personaje que le es familiar, pídanle que identifique quién es el que está actuando sólo a través de lo que escucha.
  5. Eviten los programas que muestran a personajes que resuelven los conflictos con la violencia.Cuando su hijo ve que un personaje resuelve un problema recurriendo a golpes, patadas o mordidas, señálenle que eso es ago que no debe de hacer. Ofrézcanle otros cursos de acción alternativos: "En vez de pegarle a su hermana, el niño podría haberle pedido que ella dejara de molestarlo."
  6. Establezcan claramente que los personajes de las caricaturas hacen cosas que las personas no pueden hacer.Si su hijo imita algo que hace un personaje en la televisión, ustedes podrían recordarle que: Aunque un personaje haya salido sano y salvo después de un accidente, bajarse de un brinco del columpio puede realmente lastimar a los niños como éu.
  7. Eviten los programas que pudieran asustar a su niño.Si un espectáculo de la TV o una película asustan a su hijo, cálmenlo dándole su juguete para abrazar, un abrazo o algo para beber. El consuelo físico reconforta más que las palabras tranquilizadoras.

Qué hacemos con la TV

Consenso en el consumo, en lo que queremos ver. Al menos en la mayoría de las ocasiones, estemos reunidos en una misma sala todos los miembros de la familia.
Diálogo sobre lo que pensamos y sentimos ante lo que estamos viendo en la TV, de forma que se potencie el conocimiento de la actualidad y el manejo en las discrepancias entre los miembros de la familia.
Mantener la atención crítica ante lo que vemos, y replantearnos los modelos de hombre y mujer, de niños, jóvenes y ancianos que se nos proponen, los valores y el estilo de vida que parece pretenderse que interioricemos. Desde la no-consciencia, es imposible ejercer la libertad de ser uno mismo.
Acompañemos a niños y adolescentes en sus horas de TV, propiciemos que desarrollen su capacidad crítica y sus propios criterios. Estemos informados de los programas que ven.
No neguemos por sistema a nuestros hijos el uso de la TV, ni impongamos restricciones muy severas. No por ello vamos a aumentar su afición a los libros o al deporte. La TV forma parte de su vida. Ofrezcámosles planes atractivos, para que comprueben que se pueden hacer cosas distintas (y más divertidas) que ver la TV.
Busquemos todos los días un momento de diálogo con nuestra pareja (si la tenemos) sin la TV delante. La coincidencia en la hora de irse a la cama es importante. La TV no debe ser obstáculo para la afectividad comunicativo- sensual de la pareja.
Dediquemos un tiempo a la tertulia familiar de la noche (o mediodía), cuando coinciden todos los miembros de la familia, con la TV apagada.. Evitemos que esté encendida la TV en nuestras comidas, cenas o tertulias.
La TV conecta con nuestras frustraciones, y las identifica, especialmente en niños y jóvenes, cuando los artículos y el modo de vida auspiciados por la pantalla, difieren de nuestros valores o quedan fuera del alcance de nuestros bolsillos. Aprovechemos estas ocasiones: son pedagógicas, por contraste, como preparación para la vida adulta.
La TV no es buena ni mala en sí misma. El uso que hagamos de ella lo convertirá en conveniente o no. Ejerzamos conscientemente nuestra libertad de elección.
No la convirtamos en sustituta de los encuentros con nuestros amigos, de los paseos o el deporte ni de tantas otras cosas que podemos y sabemos hacer, y que nos deparan más satisfacción que ver la TV, aunque resulten menos cómodas que sentarse a ver la TV.